dijous, 09 de desembre de 2021

Biografies de xativins il·lustres

Todas | A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W Y Z
Para acceder a la Biografía completa haz clic sobre el nombre.

Cos
AGULLÓ, Margarita (1536-1600) AGULLÓ, Margarita (1536-1600)

Nació en nuestra ciudad en 1536. A los veinte años hizo voto de castidad e ingresó en la Orden Tercera de San Francisco. Residió durante algún tiempo en el Convento de Sant Francesc de Xàtiva, de donde adquirió fama de santa. Atraído por ella, el Patriarca Ribera decidió llevarla a Valencia, donde aumentó su celebridad, enaltecida por religiosos tales como fray Luis de Granada, Nicolás Factor o el propio arzobispo Juan de Ribera. Por encargo de éste escribió tratados ascéticos, que fueron publicados por su profesor, Jaime Sanchis, junto a un resumen biográfico: Relación breve de la vida, virtudes y milagros de la humilde sierva del Señor Sor Margarita Agullona, Beata professa de la Orden del Seráfico padre S. Francisco, impresa en Valencia en 1607 por Juan Crisóstomo Garriz. Murió en Valencia en 1600, a los 64 años de edad. Finalizada la construcción del Real Colegio del Corpus Christi de Valencia, fue enterrada en su capilla en el año 1605.

Su imagen está asociada al cuadro que Francisco Ribalta realizó —conservado en el Museo del Patriarca del Real Colegio— donde se representa con un gran realismo y expresión mística. El retablo cerámico existente en el número 10 de la calle Noguera (antigua Botica Central, sede de la familia Artigues, que ejerció farmacia en nuestra ciudad a lo largo de seis generaciones) la reproduce en la parte superior central, entre el franciscano fray Miguel Agulló y el dominico san Jacinto Castañeda.

ALBINYANA, Vicent (ca. 1628-1703) V. Albinyana.jpg

Se desconoce la fecha exacta de nacimiento de este organista de la Seo, que el musicólogo Josep Antoni Alberola sitúa alrededor de 1628.
El organista era la segunda autoridad en la capilla de música de la Colegiata de Xàtiva, que contó con una organización equiparable, entre los siglos XV al XIX, al de catedrales como Cartagena, Orihuela, Segorbe o Tarragona, como correspondía a la que fuera «segunda ciudad del reino» y a sus aspiraciones de ser sede episcopal.
Tenemos pocos datos sobre su vida. De él, siendo muy joven, dijeron los canónigos de la Colegiata: «persona de molta habilitat, y no obstant és de poca edat al present. No es trobarà en lo Regne persona de més satisfacció y que anant lo temps ha de ser únic en l'orgue».
Educado y formado en la Colegiata desde que fuera monaguillo, se convirtió en hombre de confianza del Capítulo, sustituyendo puntualmente en las funciones al maestro de capilla en su ausencia.
Fue organista de la Seo de Xàtiva durante cincuenta y dos años.
La documentación existente nos dice que se ocupaba «graciosament [de] tocar l'arpa en la capella», motivo por el cual el Capítulo de la Colegiata reglamentó que, quien pretendiera ocupar la vacante de organista, tenía que saber tocar también este instrumento.
Vicent Albinyana murió el 20 de mayo de 1703.

ALCANYÍS, Lluís (1440-1506) ALCANYÍS, Lluís (1440-1506)

No se sabe con exactitud las fechas que hacen referencia al lugar y momento de su nacimiento, aunque con toda probabilidad, fue originario de Xàtiva. Su padre, el notario Jaume Alcanyís, sí que nació y residió en ella. Francisco Martín Grajales afirma que “si no procede de Xàtiva, debió estar establecido algunos años en esta ciudad, si bien ya en 1467 lo encontramos en València, donde el 23 de abril de este año otorga poderes, en favor de su hermano Bernat, comerciante de profesión y residente en Xàtiva. El 1470 se casó con Elionor Esparça, de familia de conversos, como él. El matrimonio, establecido en Valencia, en la calle de la Taberna del Gallo, vecinos de la familia de Luis Vives, tuvo cuatro hijas: Violante, Aldonça, Jerónima i Ángela, y un hijo, Francisco, nacido alrededor de 1477.

Aunque es conocido como médico y profesor cabe mencionar también su vocación literaria: participó en el certamen poético recogido en Les trobes en lahors de la Verge María (1474), primera obra literaria impresa en España, que incluye dos poemas suyos.

Alcanyís fue una de las figuras médicas más notables en la Valencia del último cuarto de siglo XV. Juntamente con Lluís Dalmau y Pere Pintor (Xàtiva 1420-Roma 1503), consiguió que la ciudad fundara en el año 1462 una escuela para cirujanos, a la cual Juan II concedió en 1477 privilegio para disecar cadáveres humanos. Enseñó aquí durante algunos años y, a partir de 1480, formó parte del claustro permanente. Cuando, en 1499, a propuesta del municipio y con la aceptación del papa Alejandro VI, se creó la Universidad de València, se convirtió en su primer profesor de medicina, ocupando hasta 1504 la cátedra fundamental o “silla para los principios”, que tenía como objetivo ofrecer una exposición sistemática de los fundamentos doctrinales de la medicina.

Dentro del proceso de renovación científica, vive, entonces, el proceso de institucionalización académica oficial de la medicina en València, superando la tradición arabigojudía, caracterizada por el libre acceso al ejercicio de la profesión del médico.

También fue autor del primer libro de medicina impreso en València: Regimiento preservativo y curativo de la pestilencia (ca. 1490), escrito con motivo de la epidemia que arrasó la ciudad desde noviembre de 1489 hasta la mitad del año siguiente. El libro tiene dos partes: la primera está dedicada a la prevención, y la segunda a la curación de la peste, precedidas de una introducción sobre su naturaleza y procedencia.

El pensamiento científico de Alcanyís está en la línea de la corriente conocida como “escolasticismo arabizado“, resultado de la asimilación del saber médico griego, helenístico e islámico para las universidades en la baja Edad Media, a partir de las traducciones del árabe.

El clima de antisemitismo que fue extendiéndose a lo largo de los siglos XIV y XV cristalizó, a petición de los Reyes Católicos, en la creación de los tribunales de la Inquisición (1480), expresión del radicalismo religioso (contra judíos y conversos) y medio de control del orden político y social. En 1506, después de casi tres años de encarcelamiento y poco más de uno de la ejecución de su mujer, fue también condenado por judaizante y quemado en la hoguera.

ALEJANDRO VI (1431-1503) ALEJANDRO VI (1431-1503)

Roderic de Borja nació en nuestra ciudad en la plaza que hoy lleva su nombre —probablemente en la casa que hace esquina con la calle Ventres— el día 31 de diciembre de 1431, el mismo día que nació, cincuenta y tres años antes, su tío Calixto III (aunque según otros autores nació el 1 de enero de 1432).

En 1437 murió Jofré de Borja, padre de Roderic, y su viuda, Isabel, marchó con sus cinco hijos a València, instalándose en el Palacio Episcopal en casa de su hermano, Alfons de Borja. Éste, cuando fue nombrado cardenal en 1444, residiendo ya en Roma, llamó a Roderic y lo envió a la célebre Universidad de Bolonia para realizar estudios jurídicos, que completó con dedicación, doctorándose, al igual que lo había hecho anteriormente su tío en Lérida, en derecho civil y canónico.

Pocos días antes de la muerte del papa Calixto, conociéndose que estaba próxima su muerte, se iniciaron disturbios en Roma, producidos por los enemigos de los Borja y de los catalani (el propio palacio de Roderic fue incendiado). Éste, cardenal y obispo de una rica y tranquila diócesis, podría haber vuelto a València. Si esto hubiese ocurrido, los Borja habrían sido un hecho excepcional dentro de la historia valenciana y de la Iglesia, pasando de ser simples caballeros al gobierno de la Iglesia católica, pero no hablaríamos de una de las familias más conocidas y poderosas de la historia. Pero Roderic optó por quedarse en Roma. Su inteligente intervención, decisiva en la elección del siguiente papa, Pío II (había sido elevado al cardenalato por Calixto III), así como su buena relación con los siguientes papas (Pablo II, Sixto IV y Inocencio VIII) le permitieron continuar durante treinta y cinco años al frente del cargo de mayor importancia de la Iglesia: la Cancillería del Vaticano, hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia romana en un linaje no italiano.

En 1472, el papa Sixto IV lo nombró legado en misión especial a Castilla y a la Corona de Aragón. El cardenal Borja, a los cuarenta años de edad, y cuando hacía más de veinte que había salido de València, volvió con todos los honores a su tierra, viniendo por última vez a Xàtiva, en donde estuvo entre los días 5 y 11 de agosto de 1473. Dicen las crónicas que “dio gracias a la ciudad, mostrando tener mucha voluntad y amor por ella, por ser natural de dicha ciudad”.

Durante estos años, Roderic acumuló lentamente beneficios, rentas eclesiásticas y un considerable número de obispados y abadías (como la de Subiaco, cerca de Roma, o la valenciana de la Valldigna). Sus ingresos lo convertían en el cardenal más rico de la Curia Vaticana, hecho que le permitió construirse el primer palacio renacentista de Roma y reunir en él una pequeña corte en compañía de Vannoza Cattanei, relación de la que nacieron sus hijos César, Juan, Lucrecia y Jofré. Fueron tantas sus riquezas que en 1485 compró al rey Fernando II el Católico el ducado de Gandia para su hijo mayor, ducado sobre el que estableció un linaje que mantendría el nombre y el poder de la familia en su país.

En 1492, a la muerte de Inocencio VIII, Roderic fue finalmente elegido papa, tomando el nombre de Alejandro VI, elección en la que se hizo valer su amplio poder y experiencia —con más de treinta años al frente de la Cancillería Vaticana—, su habilidad y sus grandes riquezas personales.

Ciertamente, no fueron los problemas espirituales, sino los políticos, los que ocuparon más tiempo y energías del papa, pero sin un fuerte poder y autoridad, los papas eran juguetes en manos de los estados y de las familias aristocráticas italianas. Los primeros años del pontificado los dedicó a aclarar las finanzas de la corte vaticana y a asegurar el orden público y la justicia en Roma, siendo implacable en la autoridad papal.

Pero el gran sueño de Alejandro VI —que no fue aceptado nunca en Italia por los poderosos, porque además era extranjero— era ordenar el territorio italiano, disgregado en pequeños estados alrededor de la supremacía de Roma, y ésta alrededor del poder papal. Para conseguir este fin, casó a sus hijos con miembros de diferentes reinos y repúblicas italianos, y nombró a su hijo mayor, César, capitán general de la Iglesia. César inició una serie de campañas militares sobre las ciudades del centro de Italia para poder construir un nuevo estado, fuerte y centralizado.

Igual que su tío Calixto III, Alejandro VI sabía que en la corte vaticana y en Roma, con tantos enemigos envidiosos, solamente podía confiar en sus parientes, amigos y compatriotas, entre los cuales se sentía cómodo y seguro. Es así como Roma se volvió a llenar de valencianos y setabenses, que buscaban la oportunidad de hacer dinero, obtener cargos y formar parte de su servicio (como los médicos setabenses Gaspar Torrella y Pere Pintor). La abundancia de compatriotas del papa fue tal, que al igual que en el papado de Calixto III, la lengua de la corte vaticana, la de su servicio privado, incluso la que usaba con sus hijos (nacidos en Italia y de madre italiana), tanto oral como escrita, fue el catalán de València.

Uno de los hechos de más trascendencia en la Edad Moderna ocurrió durante estos años: el descubrimiento de América (1492), en el que intervino la autoridad de Alejandro VI para delimitar los derechos de las dos potencias en conflicto, Castilla y Portugal, a través de las Bulas Alejandrinas.

Bajo su pontificado y mecenazgo, Roma sustituyó a Florencia como centro del Renacimiento, convirtiéndose en cabeza del Humanismo y de la actividad artística y renovación urbana. Alejandro VI fue defensor de los humanistas, de la libertad de pensamiento (siempre que no fuera herético) y protector de las ciencias (creación de la Universidad de València y de la Universidad de Roma) y de las artes.

Murió, víctima de la malaria, el 18 de agosto de 1503, cuando los Borja se encontraban en la cima de su poder. Pero si el ascenso había costado muchos años, la caída fue cosa de días, siendo enterrado de manera rápida y casi clandestina, mientras iba extendiéndose y creciendo una leyenda negra alrededor de esta poderosa y envidiada familia. Hoy, los restos de los dos papas Borja se encuentran en un modesto sepulcro en la Iglesia de Montserrat de Roma, y el nombre de esta familia setabense, una de las más universales de la historia, queda unida para siempre al nombre de nuestra ciudad.

BELLVER, Blas (1818-1884) BELLVER, Blas (1818-1884)

A los trece años, después de dejar los estudios y dedicarse al comercio, entró como aprendiz en València en la imprenta de Catalina Rius, viuda de Manuel Monfort, de la ilustre familia de impresores. En 1836 volvió a Xàtiva y abrió un pequeño taller. En 1840 estampó el primer opúsculo del que tenemos noticia: el programa de una celebración setabense. A fuerza de tenacidad consiguió, en palabras de su mejor biógrafo, Constantí Llombart, “imprentar de una sola vez todos los colores que entraban en la impresión que él aplicaba”, según el procedimiento de la cromolitografía. Desde entonces, su marcha ascendente será constante, sustituyendo poco a poco la maquinaria vieja e incorporando en su establecimiento los avances que le brindaba la técnica: máquinas movidas por agua y vapor, después el gas, más tarde por la electricidad, aparejos de estereotipia y galvanoplastia, plegadores mecánicos, etc.

Su prestigio editorial estuvo vinculado sobre todo a la elaboración de unos cartapacios para la introducción caligráfica de los escolares —cuadernos de instrucción pública llevaban como título—, que hacía totalmente en su fábrica a un ritmo industrial. Se especializó en ediciones relacionadas con la enseñanza, por la problemática de la que sintió un vivo interés, así como catecismos religiosos, cromos, pliegos de soldados, calcomanías y estampas. También tuvieron gran difusión los coloquios, las aucas y los folios sueltos. Con otra ambición sacó a la luz periódicos, como La Fortuna (1844), El Setabense (1848) y La Correspondencia del Júcar (1870) y algunos libros como Xàtiva. Memorias, recuerdos y tradiciones de esta antigua ciudad (1857), de Vicente Boix. Esta actividad le valió elogios y premios, como el que le concedió por su afán innovador la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia, y distinciones, como la de ser nombrado impresor de la cámara del rey de España.

También tuvo Bellver veleidades literarias en la línea de Bernat y Baldoví, imitando su tono festivo y, a veces, desvergonzado. Algunos títulos serían: Versos alusius á la peixca de Aladroch (1865), Eclipses del matrimonio (1867), Escenas de Carnaval, El vendedor de estudiantes (1868), Una serenata, Juguete lírico dedicado a Játiva y sus mujeres (1877), ¡Pobra Eixátiva! (1879), Gran fira en la ciutat d’Eixàtiva, en el dies 15, 16 i 17 del mes d’Agost de 1879 (1879)… Pero la mayor notoriedad de Blas Bellver en el campo de las letras fue gracias a los libros de falla: La creu del matrimoni, representá en la falla de la plasa de la Trinitat en l’añ 1866, opúsculo de unas sesenta páginas, “cuento fantástic, un viatge a l’infern”, por el cual fue excomulgado por el arzobispo de València.

A lo largo de su vida mantuvo vivas polémicas en la prensa local, siendo claras sus posturas anticlericales, pero desde un profundo sentimiento cristiano, y de defensa del valenciano:

“Qu’en esta llengua
parlaren
Ausias Marc, Chaume
Febrér;
hasta els reis en Corts
la usaren,
també sen Vicent
Ferrer.”