dissabte, 23 d'octubre de 2021

Biografías: V

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Cos
VEANA, Matías (1656-1705) M. Veana.jpg

También conocido como Matías Juan de Veana y Macià Veana.
Fue el maestro de capilla con más fama y prestigio musical que ostentó ese cargo en la Colegiata de Xàtiva, que contó hasta el siglo XIX con una organización musical equiparable a la de catedrales como Cartagena, Orihuela, Segorbe o Tarragona, como correspondía a la «segunda ciudad del reino» y a sus aspiraciones de ser sede episcopal.
Nació en nuestra ciudad en 1656 e inició su formación musical con Aniceto Baylón, maestro de capilla de la Colegiata entre 1664 y 1677. En esta fecha aparece ya como maestro de capilla de San Juan del Mercado de Valencia.
Entre 1680 y 1683 ocupó ese puesto en el Monasterio de la Encarnación de Madrid; y entre 1683 y 1689, en las Descalzas Reales. Parece ser que, ante la necesidad de ocuparse de su familia, dejó la maestría en las Descalzas y aceptó el cargo en Xàtiva, entre otras razones por ser ella «sa pàtria i haver-se criat en esta Santa Església». Pero su estancia en la ciudad fue breve. En 1692 marchó a Palencia y, pocas semanas después, a Madrid, en donde ejerció su magisterio en el Monasterio de la Encarnación hasta su muerte, en 1705.
Su obra forma parte de la efervescencia cultural de carácter científico y humanista —predecesora del posterior movimiento ilustrado— que se produjo en Valencia, a finales del siglo XVII, de la mano de los «novatores». Sus composiciones, fundamentalmente policorales, combinan magistralmente el lenguaje modal con las nuevas tonalidades, y destacan por su fuerza expresiva. La mayoría de ellas (villancicos) fueron alabadas en su tiempo por su elegancia y frescura, y la gran aceptación y difusión de su obra por España, Europa e Hispanoamérica han permitido su conservación.

VERNIA, José GARCÍA TORTOSA (1915-1966) Vernia.jpg

Nació en el año 1915. Desde muy pequeño mostró una inequívoca aptitud para el dibujo. En 1929, con solo 14 años, ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, estudios que finalizó en 1934. Tenemos constancia de su trabajo ya en 1936 —como artista fallero y cartelista—, relación con el mundo fallero que no abandonaría, pues participó a lo largo de su vida en la elaboración de muchas portadas de libros de fallas de diferentes comisiones y Junta Local Fallera.
En su faceta de cartelista destacó de modo especial en los carteles de la Feria de Xàtiva. Entre 1944 y 1967 realizó doce, y en ellos dejó una profunda huella iconográfica en carteles dinámicos, llenos de creatividad, frescura y policromía. Francisco Javier Pérez Rojas y José Luis Alcaide (Un segle de cartells, Fira de Xàtiva, 1889-2000) lo consideran una figura de primera línea, renovador del cartel local por sus creaciones animadas, optimistas e inequívocamente festivas. En esta vertiente de cartelista hay que destacar también su participación, en diversas ocasiones, en la Feria Muestrario Internacional de Valencia.
Aspecto de especial interés, y menos conocido, es su aportación al mundo de la publicidad, con diseños y logotipos —llenos de originalitat— para muchas firmas comerciales (Zumos Jummel, Imprenta Matéu...).
Excelente dibujante y cartelista, practicó también la pintura paisajística y, de manera especialmente notable, el retrato, del que el Museo del Almudín guarda diversas muestras.
Su carácter amigable, extrovertido y sencillo, amante de la naturaleza y de su ciudad, lo integró en el Grupo Sait, en el que —según Juan Francés— influyó de modo decisivo en su desarrollo.
Este gran dibujante y, quizás, el mejor cartelista y diseñador que tuvo nuestra ciudad en el siglo xx, murió en Xàtiva en 1966 a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de circulación.
En el año 2001 ciudad le rindió un justo homenaje con una exposición retrospectiva de su obra

VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo (1757-1837) VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo (1757-1837)

Nació el 10 de agosto de 1757 en una casa de la plaza de las Coles (hoy plaza del Mercado), cerca de la calle Calderería, probablemente en una familia acomodada, y con un ambiente favorable para una buena formación: su padre era de profesión librero. En Xàtiva, entonces San Felipe, hizo sus primeros estudios (gramática y humanidades), siendo un alumno aventajado, pues a los 12 años marchó a València para iniciar la formación secundaria. En 1772 obtuvo el título de maestro en Artes y en 1776, con tan solo 19 años, el de doctor en Teología.

Finalizados sus estudios, ocupó la cátedra de Filosofía en el seminario de Orihuela, y en 1780 marchó a Madrid, donde estableció relación con un grupo escogido de intelectuales valencianos, entre ellos, Pérez Bayer y Bertrán, obispo de Salamanca e inquisidor general. Su relación con este último le permitió ser nombrado capellán, consultor de Tribunal de Corte y calificador del Santo Oficio.

Establecido en la corte madrileña inició una intensa actividad literaria: Oficio de la Semana SantaDe la obligación de decir la Misa con circunspección y pausa (1788), donde critica la relajación de costumbres de muchos religiosos en la celebración litúrgica; De la lección de la Sagrada Escritura en lenguas vulgares (1791), en la que justifica la necesidad de traducir la Biblia de las lenguas clásicas y ponerla al alcance del pueblo; Catecismo del Estado (1793), sobre el beneficio que supone para el Estado la práctica religiosa del pueblo; Año Cristiano (1795), obra de gran erudición sobre los santos y advocaciones religiosas españolas; Dominicas, ferias y fiestas movibles (1796-1803), complemento de la obra anterior y tratado de piedad y práctica religiosa; Kempis de los literatos (1807), conjunto de máximas y consejos; colaboración en Viaje literario a las iglesias de España, texto fundamental de la historiografía eclesiástica, obra de su hermano el dominico Jaime Villanueva, etc.
La actividad de Villanueva en estos años finales del siglo XVIII e inicios del XIX está en relación al movimiento jansenista, de gran influencia en estos momentos, partidario de una religiosidad profunda, buscando las raíces de la primitiva Iglesia, alejada de formalismos, contra la relajación de costumbres y defensoras del centralismo monárquico. Villanueva menudea los círculos intelectuales y religiosos más influyentes de Madrid, sintonizando con el poder y consiguiendo el reconocimiento por parte de las instituciones más importantes del país: es nombrado miembro de la Real Academia Española de la Lengua (1792), predicador de S. M. y rector de los Reales Hospitales de Madrid (1800), miembro de la Real Academia de la Historia y de la Orden de Carlos III.

La ocupación de España por las tropas napoleónicas produjo el alzamiento nacional y la Guerra de la Independencia (fue testigo del alzamiento popular en Madrid el día 2 de mayo de 1808 y de la represión posterior, al igual que Francisco de Paula Martí). Estos hechos supusieron un cambio profundo en su vida. En 1810 es designado diputado por València a las Cortes generales y extraordinarias que se celebrarán en Cádiz (1810-1813). De su participación en ellas dejó testimonio de primera mano en su libro Mi viaje a las Cortes, editado póstumamente en 1860. En ellas fue uno de los diputados más activos, produciéndose en él un profundo cambio alrededor de la concepción del Estado: soberanía nacional, muestra de expresión patriótica, frente al despotismo monárquico. Intervino en los debates sobre la Constitución de 1812, la abolición de la Inquisición, la reforma del clero, cuestiones económicas, etc.

Pocos setabenses han mostrado como él el amor por su tierra y su disposición incondicional para favorecerla. Apenas recibir la noticia de ser nombrado diputado a las Cortes ofreció sus servicios al gobernador y Ayuntamiento de la ciudad. Y su trabajo en ellas tuvo como resultado la restitución del nombre de Xàtiva, abandonando el ignominioso de San Felipe (sesión del día 26 de septiembre de 1811), y la restitución de la histórica sede episcopal (1814), desligándose de la de València, aunque de forma efímera, pues el 4 de mayo de 1814 Fernando VII implantaba nuevamente el absolutismo y abolía todo el trabajo de las Cortes. Villanueva fue encarcelado y posteriormente desterrado al convento de La Salceda (Guadalajara).
Una reacción liberal implantó en 1820 nuevamente la Constitución de Cádiz. Villanueva era liberado y marchaba a Cuenca, de donde era canónigo desde 1809. Por segunda ocasión es designado diputado a Cortes por València. Y otra vez, Villanueva trabaja por su ciudad, consiguiendo de las Cortes (1821) no ya sólo restablecer la catedralidad de Xàtiva, sino también que fuera nombrada capital de provincia.
Una nueva reacción absolutista (1823) impuso el gobierno despótico de Fernando VII, anulando la obra legislativa liberal, y Joaquín Lorenzo, junto a sus hermanos Jaime y Lorenzo tiene que emigrar. En Londres vivió los primeros años de exilio. Allí continuó con su gran afición, la escritura, y publicó Vida literaria (1825). En estos últimos años de su vida estuvo incluso próximo a traducir la Biblia al catalán.

En 1831 se trasladó a Dublín, acogido en casa de su amigo el reverendo William Yore, donde encontró afecto y atención. En esta ciudad publicó Poesías escogidas (1833). El 26 de marzo de 1837 moría, después de 14 años de exilio, muy lejos de su estimada ciudad, aquel quien probablemente más ha trabajado desinteresadamente por ella y que, sin duda, merece que todos lo tengamos en nuestra memoria.

VIÑES MASIP, Gonzalo (1883-1936) VIÑES MASIP, Gonzalo (1883-1936)

Mossén Gonzalo Viñes nació en nuestra ciudad en 1883. Estudió el bachillerato en el Colegio Setabense, donde años más tarde será profesor. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de València, ordenándose sacerdote en 1906. Su labor religiosa y pastoral la realizó íntegramente en la Seo, donde ejerció los cargos de coadjutor, beneficiado y canónigo con cargo de archivero, y a través de una activa acción social, organizando y presidiendo diversas asociaciones católicas.

Persona de gran formación e inquietudes, perteneció a diversas instituciones de carácter científico y cultural, de entre las cuales debemos destacar: la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, el Centro de Cultura Valenciana o el Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de València. En 1917 fue nombrado cronista oficial de la ciudad. Participó en la creación de nuestro Museo Municipal (aportó el ara romana con inscripción latina del obispo visigodo Atanasio, encontrada en las excavaciones de Sant Feliu, y el retablo del Salvador, procedente de la ermita gótica de las Santas. También, gracias a su intervención fue trasladada la cruz gótica del camino de València al Museo).

Tuvo gran interés por la arqueología y participó en las excavaciones de La Bastida de les Alcuses (Moixent), la Cova del Parpalló (Gandia) y la Cova Negra (campañas de 1923 y 1933), entre otras. Fruto de esta actividad fue su relación con arqueólogos y eruditos de la talla de Fletcher, Ballester, Breuil, Pericot, el marqués de Lozoya, etc.

Publicó tres libros: Hidrografía setabense, La patrona de Játiva y Datos sobre las excavaciones de Cova Negra. Fue director del semanario católico El Obrero Setabense, escribiendo desde él numerosos artículos de arqueología, de historia y poesías de una factura muy elegante (ganó los Juegos Florales de la Feria de 1934 con la obra El poema de la terreta). Desde las páginas del semanario se difundieron también actos en favor del Estatuto de Autonomía o noticias sobre la aprobación de las Normas de Castelló, que fundamentaron la unidad de la lengua catalana.

Publicó también la transcripción de documentos de los archivos municipales y colegial, siendo él quien localizó la partida de bautismo de José Ribera.

Iniciada la Guerra Civil Española, y tomado el gobierno de la ciudad por un Comité Revolucionario, Gonzalo Viñes fue presionado para renegar del sacerdocio, hecho que rehusó, y fue obligado a trabajar para éste.

El día 10 de diciembre de 1936, cerca del molino de Vallés, fue asesinado por un grupo radical incontrolado este religioso inquieto de tan gran erudición, defensor de un regionalismo moderado, del mundo rural, amante de las tradiciones y de su lengua materna.

Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001 en la plaza de San Pedro del Vaticano.