dissabte, 17 de novembre de 2018

RIBERA, José de (1591-1652)

RIBERA, José de (1591-1652)

José Ribera nació en Xàtiva en 1591, siendo bautizado el día 17 de febrero en la parroquia de Santa Tecla, tal como consta en la partida de bautismo encontrada por Gonzalo Viñes, archivero de la Seo y cronista de la ciudad, deshaciendo un error que lo creía nacido en el año 1588. Su padre se llamaba Simón Ribera, zapatero de profesión, y su madre, Margarita Cucó.

Son abundantes las fuentes documentales y bibliográficas que nos hablan de muchos aspectos de la vida y obra de Ribera, pero no tenemos ninguna información sobre su niñez y juventud, desde el día de su bautismo hasta 1611, momento en el cual ya se encontra en Italia. Sin duda, muy pronto mostró dotes excepcionales para el dibujo y la pintura, que en aquella época vería en tantos retablos de las iglesias y conventos de Xàtiva, en ese momento segunda ciudad del reino. La prematura muerte de su madre, incluso de su madrastra, sería el motivo por el cual marchó con pocos años a València, donde tenía parientes, y en ella aprendería el oficio, puede ser que en el taller de Ribalta, el mejor pintor del momento.

En 1611, con tan sólo 19 años, Ribera se encontró en Italia, donde ya es un pintor de alta consideración. No quiso volver nunca más a España, pero siempre se mostró orgulloso de su origen, añadiendo su nombre, en italiano (Jusepe de Ribera o lo Spagnoletto), los gentilicios español, valenciano y, en alguna ocasión, setabense (en el cuadro la Adoración de los pastores, “español, valenciano de la ciudad de Xàtiva”), lo que nos muestra claramente su amor y añoranza a su tierra.

Residió primeramente en Roma, donde entró en contacto con la pintura tenebrista de Caravaggio. Su talento y el prestigio de su obra fue tal que ingresó como miembro de la Academia de San Lucas. En 1616 marchó definitivamente a Nápoles, capital del virreinado perteneciente en ese momento a la Corona de España. En esta ciudad, donde realizó casi toda su obra, contrajo matrimonio con Catalina Azzolino, hija de un acaudalado marchante y pintor, con la cual tuvo almenos cinco hijos. Personaje de gran actividad, trabajó para congregaciones religiosas, nobles y virreyes (duques de Osuna, Monterrey, Alba), que le dispensaron su protección.

La pintura de Ribera es el resultado de un profundo interés y estudio de la Antigüedad y del Renacimiento. Con gran dominio del dibujo y austeridad en la composición capta —con trazo vigoroso e imágenes sólidas, alguna vez con realismo crudo— las emociones, los sentimientos y los afectos. Este interés por la autenticidad lo lleva al naturalismo, donde, en una concepción iconográfica innovadora, eleva a la gente más pobre y humilde de la calle a protagonizar sus cuadros (santos, filósofos, profetas), pero dándoles inteligencia y cordialidad. Nadie como él ha sabido mostrar las cualidades de la piel, el moldeado del rostro y las manos, la decrepitud humana y la representación de los viejos. Injustamente ha estado tratado por la historia del arte al considerarlo pintor de la fealdad —nada más lejos de la realidad para quien conozca su obra— y la obscuridad —ignorando de ella la calidad de la luz, y el color y la luminosidad, que irán ganando terreno al inicial tenebrismo.

Dos fueron básicamente los temas de su producción: la mitología, consecuencia de la influencia de la cultura clásica, y, sobre todo, la pintura de exaltación religiosa, expresión del poder de la Iglesia católica de la Contrarreforma en los países mediterráneos, y cliente.

Entre su extensa producción debemos mencionar obras como: San Jerónimo (1626), San Andrés (1630), la Inmaculada Concepción (1635), el Sueño de Jacob (1639), el Martirio de san Felipe (1639), la Adoración de los pastores (1640), la Magdalena penitente (1641), Santa Agnés (1641), El patizambo (1642), San Sebastián (1651), etc. En el Museo de l’Almodí tenemos de Ribera la obra San Matías, propiedad del Museo del Prado, en depósito en él desde 1924.

Así mismo, debemos destacar la importancia de Ribera como maestro del grabado (Martirio de san Bartolomé, Silene ebrio) e insuperable dibujante.

Con problemas de salud, dificultades económicas y afligido por la seducción de la cual fue objeto su hija Margarita por parte del virrey Juan José de Austria, murió el 3 de septiembre del año 1652.

En la actualidad, la obra del artista setabense más universal está considerada a la altura de Velázquez, Murillo, Zurbarán o Goya. Xàtiva lo recuerda con una escultura de Luis Gilabert (1891) en la plaza del Españoleto, donde se encuentra también el ambulatorio del mismo nombre, y con el Instituto de Enseñanza Secundaria José de Ribera, y con dos premios institucionales: el nacional de pintura y la bienal de grabado.